
11. LAS ATINADAS SENTENCIAS DE SANCHO En el capítulo 45 de la Segunda parte , encontramos a Sancho como gobernador de las tantas veces prometida ínsula, administrando justicia con sano juicio y poniendo en práctica los consejos del hidalgo manchego.
Uno de los pleitos que tuvo que resolver fue el de «las caperuzas» y discurre así:
«A este instante, entraron en el juzgado dos hombres, el uno vestido de labrador y el otro, de sastre porque traía tijeras en la mano, y el sastre dijo:
-Señor gobernador (…) este buen hombre llegó a mi tienda ayer, que con perdón de los presentes soy sastre (…) y poniéndome un pedazo de paño en las manos me preguntó: señor, ¿habría en este paño harto para hacerme una caperuza? Yo tanteando el paño, le respondí que sí; el debiese imaginar (…) que sin duda yo le quería hurtar alguna parte del paño, fundándose en su malicia y en la mala opinión de los sastres, y replicándome que mirase si había para dos: adivínele el pensamiento, y díjele que sí; y el caballero, en su dañada y primera intención, fue añadiendo caperuzas, y yo añadiendo síes, hasta que llegamos a cinco caperuzas, y ahora, en este punto acaba de venir por ellas; yo se las doy, y no me quiere pagar la hechura; antes me pide que pague o vuelva su paño.
Sancho preguntó al labrador que si era verdad. El labrador le respondió que así era, y mandó mostrar las caperuzas al sastre. Éste, sacando la mano debajo del herreruelo (capa corta sin capilla), dijo:
-He aquí las cinco caperuzas que este buen hombre me pide, y en Dios y en mi conciencia que no me ha quedado nada de paño, y yo daré la obra a la vista de veedores de oficio.
Todos los presentes se rieron de ver tantas caperuzas. Sancho, después de deliberar, dijo que el sastre perdiese las hechuras y el labrador el paño.»
La sentencia movió a risa, pero todos los habitantes de la ínsula vieron, en el bueno de Sancho, a un nuevo Salomón.
Departamento de Ciencias Sociales (Gaudencio San Gil).

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