
7. LA COMIDA EN EL QUIJOTE
El estudio de la cocina en El Quijote, además de darnos pistas sobre la época en que se desarrolla la novela, es como hacer un viaje por la España del siglo de Oro acompañando a sus protagonistas.
Se aprecia un doble discurso culinario: el de la necesidad y el del azar . Los protagonistas se ven obligados a comer lo que encuentran, que, generalmente, son alimentos sencillos de una despensa agrícola y pastoril. Por otro lado, el azar los lleva junto a las clases pudientes: labradores ricos como Camacho y nobles de holgada renta.
Sancho pasará de ser un gañán palurdo a ser un auténtico entendido en gastronomía, cuando lo nombran gobernador de la ínsula, pero al final, viniéndole el recuerdo de la dehesa y de su casa, filosofa y dice: “…Mire señor doctor, de aquí en adelante no os curéis de darme de comer cosas regaladas, ni manjares exquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios, el cual está acostumbrado a cabra, a tocino, a cecina, a nabos y cebollas y si acaso le dan otros manjares de palacio, los recibo con melindres, y algunas veces con asco…” (Cap. 49, II parte)
La novela nos deja entrever cómo ya en el Renacimiento, la cocina se ha convertido en arte, y la comida en cultura realzándose el goce de vivir por toda Europa a través de los libros de cocina y de modales que van a circular. Y aludiendo a los modales dice Sancho a su señor:
“…mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres ni respetos aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas, donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene en gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo…” (Cap. 9, I parte) .
Los gallipavos de Sancho eran aves que servían en las mesas de los grandes banquetes adornadas con sus plumas, incluso con oro y otros adornos tal y como se acostumbraba en esta sofisticada cocina.
Los consejos más interesantes que da Don Quijote a su escudero, a cerca de la comida, tienen lugar antes de partir éste como gobernador:
“Sancho come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago; sé templado en el beber considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra…”(Cap. 43, II parte) .
Don Quijote no era buen comedor como se aprecia en su aspecto, sino que estaba en otros terrenos más espirituales. Cuando sale por primera vez y come en la venta de Juan Palomeque el bacalao “mal remojado y peor cocido” le pareció que estaba comiendo “mejor que un príncipe” soñando, como estaba, en castillos y caballeros andantes. Como hidalgo acomodado que era, tenía la comida asegurada y de ello huye buscando aventuras. “…una olla algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos (huevos con tocino) los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos…” (Cap. 1, I) . Esta era la dieta habitual de un hidalgo medio en la Castilla del siglo XVII.
Que comiese “algo más vaca que carnero” , significaba que su hacienda era modesta, porque hasta finales del S. XIX, el carnero era la carne más apreciada, mucho más que la ternera o vaca; el salpicón, era en la época, el aprovechamiento más sencillo de la carne sobrante de la olla del mediodía, esa carne cocida se cortaba en pedazos menudos a los que se añadía cebolla picada y se aliñaba con aceite, vinagre y sal. Sobre los “duelos y quebrantos “ que comía los sábados, se suele decir que era un simple caldo, pero nos decantamos por creer que eran huevos fritos con torreznos, como piensan otros estudiosos del tema. La costumbre de comer lentejas los viernes, sigue aún arraigada en muchas de nuestras casas. Seguramente, don Quijote las comería sin chorizo ni carne alguna ya que los viernes era obligatoria la abstinencia. Y por último, los domingos solía comer algún palomino. Los palominos o pichones eran símbolo de hidalguía porque los hidalgos solían preciarse de tener palomar en casa y con ellos ennoblecían su mesa los domingos.
Todo ello seguramente regado con un buen vino de Esquivias (Toledo) tan apreciado y alabado por Cervantes.
Departamento de Lengua Castellana y Literatura (M.ª Dolores Martínez).

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